sábado, 6 de agosto de 2011

Mi malquerida

Querida, mi malquerida.
Leyendo una de tus cartas me percate de un mensaje, el cual decía:
El amor esta dividido en dos partes. De la cintura para arriba es para el alma. Y de la cintura para abajo es para el cuerpo.
Después acertó en decirme en que todo se mantenía húmedo sin importar la estación del año, desde el sol de otoño hasta la luna de verano. ¿No te has preguntado cuantas veces uno suele mirar el espejo sin encontrarse realmente? ó ¿Cuantas veces necesita uno revolcarse en los escombros para para terminar de limpiar su antigua zona de guerra?

Tratando de responderme ubique una de esas ideas que suelen volar por la cabeza de uno y que al tratar de atraparlas se desvanecen dejando un camino de plumas y un recuerdo que deja un mal sabor de boca. Suelo llamarlas Ideas con alma de pájaro. No te mentiré, estuve a un solo paso de atrapar una, pero no me percate que al expandirme hacia universos paralelos al nuestro, la idea se desfigura en un camino que solo lleva a un laberinto que como final te deja de nuevo en un principio ajeno a tu realidad.

En uno de esos laberintos vi pintado en la pared el siguiente texto:
Cuando la inmortalidad nace; nace el grito de los arboles. Por lo cual trae por consecuencia la conclusión de que la noche nunca fue síntoma de muerte.

Y ahora que me encuentro frente a tus pies con la disposición de desarmar a la naturaleza con todas mis herramientas me percato que en el estomago solo tengo una taza de café, que por leche tiene agua salada.

Te espero siempre mi amor. ¿Cuando sera?
Y en mi cabeza retumbo PERFECTA


 
Om Luna

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